En la estupidez no suele haber culpa, responsabilidad. Normalmente ni siquiera saben que lo son. Se creen muy listos pero en realidad son idiotas, y se mueren sin descubrirlo.
Pero con la perversidad, con la maldad, es distinto. Sí son responsables, porque son plenamente conscientes, y por tanto deben responder de sus actos.
Lo que pasa es que el riesgo les suele merecer la pena, porque tienden a sacar un beneficio, les suele ser rentable ser inícuos.
Pero es que con estos tíos (y estas tías) no veo el rédito, no comprendo de dónde van a sacar la manteca.
Permitir, alentar, premiar el asesinato de humanos inocentes y desvalidos es una evidente y putrefacta maldad. Pero es que además, es una estupidez inmensa.
¿Qué sacan para la buchaca? ¿Qué es lo que extráen de tanta abyección?
A lo mejor es que son de la peor especie: tontos y malos.
Pero hay algo que empeora el panorama, que tienen a todos los borregos que les votan como co-autores, como cómplices. Y esos son los verdaderos culpables.
el 20 de Mayo de 2009 a las 10:32
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Esta tarde me he dejado resbalar por la pendiente enfangada de la pena.
Cuando la vida, la puta vida, te espera agazapada para darte un buen palo, o un buen susto, nunca sabemos cómo vamos a reaccionar.
Parece que tenemos que estar preparados para eso, y para asuntos más graves.
Pero nadie está preparado, nadie lleva los sustos en el sueldo.
La vida no es corta, al revés, puede hasta que se prolongue, algunas veces, demasiado.
Pero son las cartas con las que jugamos. A veces no te entran ni dobles parejas, a veces, sin soñarlo, tienes un color.
Pero hay que seguir barajando, y jugando.
Y dando gracias a Dios. Todos los días. Cada hora. Aunque apriete. Que aprieta…. pero, me consta, no deja que te ahogues.
Dame cartas.
el 17 de Mayo de 2009 a las 22:33
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Qué terriblemente corto es el camino.
Cuando todavía no está trazado, estás de pie en la puerta, ves toda la inmensidad de las montañas, y oyes todas las olas, crees que nunca lo vas a terminar. Ni siquiera intuyes la vereda, tienes muchos más años por delante que por detrás.
En ese momento la vida la mides por decenios, quizá en años.
Pero llega el momento. Siempre llega.
Y es cuando la vida debe ser contada en días. Y mejor, en horas.
Porque la carga en la espalda es inmensa, y delante, como mucho, queda la propina, la prórroga, el descuento.
Y solo queda cantar que la vida vivida puede más que el dolor. Y ceértelo.
La vida, esa enfermedad mortal que no tiene cura, de la que no sales vivo.
el 17 de Mayo de 2009 a las 18:00
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Ser español habitualmente es motivo de vergüenza.
Asumo esa condición como asumo la muerte y la enfermedad, como inevitables, pero lamentables.
En esta vida se puede aceptar casi todo, pero la cotidiana desazón de ser de esta patria falsa, cortijera, cateta, inculta, envidiosa, estúpida, borrega, se me hace duro.
Hoy, día del Trabajo, y creo que también del trabajador, tradicionalmente los sindicatos se tiran a la calle para recordarles a nuestros alucinantes (y alucinados) gobernantes quién es el que manda y quién es el mandao.
Pero, ay, resulta que nuestros sindicatos, nuestros sindicalistas, son españoles, y no ha sido caro comprarlos, cerrarles la boca, unos cuantos millones de leuros, poco más.
Una vergüenza, otra. No han montado ningún pollo, ni han movilizado nada, ni le han metido candela a ningún ministerio… ni a ningún ministro.
No pasa na, más de cuatro millones de parados, genial, salimos en el Guinness.
Mira que me podían haber parido en Nueva Zelanda, o en Uruguay, o en Florencia, o en Corfú…. pero no, me hicieron irrevocablemente español.
Bochornoso.
el 1 de Mayo de 2009 a las 09:59
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es el siglo de la fe
nos lo creemos todo
especialmente todo si esta publicado en letras de molde
o sale por un arradio
o lo dice el tele
o se dice “la mayor parte de la gente opina que” que debe ser un grupo de sabios muy sabios
o “lo han publicado en Science unos investigadores del MIT“, oh, palabra de Dios
si seremos crédulos que nos tragamos hasta lo que dicen los políticos, esos indocumentados incapaces de trabajar en algo serio
o los banqueros, esos ladrones legalizados para los que trabajamos el 99 por ciento de nuestro tiempo
también damos por buenas verdades universales poco meditadas
una de las principales son las leyes de la termodinámica
especialmente la segunda, la que nos habla de ese concepto fundamental: la entropía, la tendencia al caos de cualquier sistema
de hecho sirve por ejemplo para demostrar que el tiempo en verdad fluye, y fluye de atrás hacia delante, de antes hacia ahora, del orden al caos, y además es irreversible
es sano, muy sano, cuestionarlo todo
todo
la entropía no siempre funciona
no todo se encamina al desorden, no todo es irreversible, irrecuperable, para eso están las películas, las grabaciones, y especialmente,
la fotografía
el 24 de Abril de 2009 a las 11:20
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Escena: Interior luz día. Taller de Tintoretto, Venecia, 1550. Humilde aprendiz veneciano osando interrumpir al maestro:
Perdón, oh pintor del azul de la Serenisima, ¿me podríais aconsejar qué pincel de calidad debería mercarme para iniciarme en vuestro taller?
Y entonces el signore Jacopo le responde, antes de gastar tus monedas harías bien en observar el devenir de la luz, las leyes de la perspectiva, la fuerza de las sombras…
…Sí, ya, o sea, fine, superguay, maestro, pero es que para todo eso, necesito una herramienta con la que improntar el lienzo, con la que colocar los óleos sobre la tela, osea, insisto impertérrito… ¿qué pincel me aconsejáis que me compre?
Justo esta mañana he estado en el estudio haciéndole unas fotos a un concertista de guitarra deslumbrante, Marcelo de la Puebla, con la guitarra, claro, y hemos hablado de ella, porque es nueva.
Además de ser muy hermosa, tenía un sonido completamete distinto de la anterior, que era una antigualla, -parece ser que una joya-, pero muy deteriorada.
Ahora toca mejor. Marcelo sigue siendo el mismo virtuoso, pero se le ve más cómodo, más fluido, y la música es, increible, más bella.
(Cuando fotografío músicos les hago tocar… he disfrutado de conciertos privados alucinantes con este método ruín).
Lo que quiero decir con todo este rollo es que el arte -algunas de las artes- precisan de instrumentos, herramientas adecuadas, de calidad, para poder desarrollarlas plenamente. Hablamos de la parte de lo artesano, de lo aprehendido y aprendido, que sumado al talento (lo innato) da como resultado la belleza (y si seguimos sumando y añadimos la mirada sabia del espectador que goza, cerramos el círculo y sale el arte).
Toda esta rebuscadísima introducción para hablar de la importancia de escoger la cámara de fotos pertinente para cada fotógrafo.
Varios amigos me comentan que no saben qué máquina escoger. Depende de unas pocas cuestiones, principalmente si piensas sacarle pelas a la fotografía, o solo placer, o entrambas dos cosas.
Por principio no aconsejo las reflex, ni ahora que son tan caras ni cuando eran de carrete, más asequibles. (Aviso, para mí el mundo que ahora llamamos analógico, el de los negativos y las diapos, ha muerto. Viva el digital, mueran los nostálgicos).
Y no aconsejo reflex porque además de ser muy caras, hay que sumar la pasta horrorosa que cuestan los objetivos de calidad. Porque por supuesto, si tienes una reflex es para usar cristales buenos. Y para tirar casi siempre el modo manual, o si no has tirado el dinero. Comprar un maquinón para dejarlo siempre en PROGRAM es absurdo.
Las reflex ofrecen control total sobre la toma, al contrario que las compactas, donde confías ciegamente en las decisiones que tome un mecanismo inerte, robótica pura.
Matizo: hablo de las compactas básicas, porque ahora viene la segunda parte: mi recomendación para aficionados avanzados es una semireflex, o sea, una cámara que te permita controlar la imagen, pero que no necesite cambiar de lente. Para mí, hoy, la mejor elección es la Canon G10, que vale unos 450 euros. Para conseguir esa calidad con un equipo reflex profesional tendríamos que irnos a más de 3000 euros, sin exagerar (exagerando unos dos millones).
Entiendo que a pesar de mis esfuerzo cuando un aficionado avanzado, o con ganas de ser profesional, se empeña en una reflex, ya puedes amenazarle con un secuestro, o con el tercer grado del martirio, que él se compra su reflex.
Entonces es cuando recomiendo irse a la más barata, que en detrimento de la robustez (suelen ser de frágil plástico) en general tienen similar calidad de software y de CCD que las muy carísimas, por lo que al final las fotos pueden ser casi igual de buenas, o de malas. Porque seguro que con el mismo pincel de marta cibelina, Tintoretto, Jacopo Comin, pintaba mejor que el osado aprendiz, de cuyo nombre y hazañas nada nos ha llegado.
¿Canon, Nikon, Sony…? yo soy de Nikon, igual que del Sevilla y de la Macarena, pero reconozco que tanto Sony como Canon son fabulosas marcas. Durante muchos años Canon le ha meado a Nikon y lo ha dejado en ridículo, hasta el año pasado en que salió la D3 y la D700 y Nikon cogió absolutamente la delantera.
Lo que sí está claro es que si te decantas por una marca debes ser fiel hasta que la muerte os separe, porque comporta una enorme inversión (objetivos, flashes, baterías, más objetivos…). Se puede intentar vender si te da el avenate de cambiar, pero es un coñazo y siempre sales perdiendo.
Con lo que, por concretar, recomiendo, si de reflex básica se trata, la Canon 450 o la Nikon D40 (mejor la D90).
Pero voy a insistir, es pa ná. Lo mejor, de verdad, mis cabezotas amigos, es la Canon G10, acojonante, y si siempre vas a chutar en automático, cualquier IXUS de Canon o cualquier CyberShot de Sony.
Hay muchíiiiisimas más, cada minuto más modelos, pero si no queréis volveros locos, simplicidad: En reflex, primero, Nikon, segundo, Canon, en compacta avanzada, Canon, y en compacta básica, Canon o Sony.
Es mi opinión y la comparto.
el 22 de Abril de 2009 a las 22:48
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Conversación en el desayuno:
Marga: ¿te das cuenta de que hasta los mejores cocineros del mundo, si les das un tomate, lo que hacen es abrirlo por la mitad, echarle sal y comérselo tal cual? Simplicidad. Clarice.
Hay que buscar la simplicidad.
Toi: …. Lo que no es mejorable, no se puede intentar mejorar…
el 21 de Abril de 2009 a las 08:29
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Dice el refrán: los amigos de verdad los puedes contar con los dedos de una mano, y te sobran dedos.
Habría que delimitar esa tan ambiguo de amigos de verdad.
En Sevilla, mi pueblo, el vocablo amigo está muy gastado, se usa con demasiada frecuencia.
¿Paco? ese es super amigo mío, dile que vas de mi parte…
El Dani, bueno, el Dani, si fuimos al mismo colegio, es muy muy amigo mío…
Es una forma de vida. Funcionamos con relaciones, en forma de racimos, con interconexiones que no podemos sospechar dónde terminan.
Parece que por otros lugares no es así. Desde que tengo uso de razón vengo oyendo eso de que los vascos somos mu cerraos, pero cuando le abrimos el corazón a alguien es amigo pa siempre, cómo así pues, ahí va y la hostia. También lo he escuchado de los catalanes, de los alemanes, de los palentinos, de los gallegos…
Y después de esa original sentencia, vuelven a ser los primeros que nos dicen es que vosotros los sevillanos sois mu falsos, decís que tenéis muchos amigos pero luego estáis solos, y no hasei na por nadie… (cómo podríamos agradecer tan finos y profundos análisis sobre nosotros, cómo podríamos seguir viviendo sin tanto salvador…?)
Y resulta que, como casi todos los tópicos, como casi todas las generalizaciones, tienen su mijita de verdad, y su muchísimo de injusto y mendaz.
Porque es verdad que todos esos amigos sevillanos (hablo de lo que conozco, intuyo que en otros sitios de Andalucía pasa igual) sin estar en el olimpo de los amigos del alma, de los amigos-hermanos, sí que hacen cosas por los demás.
Lo he podido comprobar. He tirado de agenda, y un tío me ha dado el teléfono de otro, que me ha puesto en contacto con un tercer desconocido, que han montado una red que me está ayudando una barbaridad en unos asuntos determinados (sí…. el dichoso libro). Y resulta que sí que me están ayudando, muchísimo. Y se me están abriendo puertas de las que no tenía noticia.
Ayer me llamó un completo desconocido al móvil, de parte de un pavo al que no suelo ver pero que me conoce, para ver si le podía echar una mano con un expediente de donde yo curro en el ayuntamiento, y evidentemente se lo voy a intentar resolver, pero es que eso no tiene mérito porque es lo habitual.
Un amigo de Almería una vez me echó en cara que los sevillanos tenemos muy bien montada esta red virtual pero solo para ayudar a sevillanos. Otra mentira. Doy fe de que no es cierto.
Y es agradable, es un humo de extraña solidaridad que flota a media altura por todas las calles de mi ciudad, y hace que no te sientas demasiado solo.
Otra cosa son los deditos de la mano, esos soulmates que tengo desperdigaos por el mundo, por Madrid (¿India?), Valladolid, Barcelona, Almería, Cádiz, Granada…. y Sevilla.
Estos que me darían sus vida, y su tiempo… y si no que se lo pregunten a Julio, que no me ha dejado solo ni un segundo en la agotadora Semana Santa, que pa nosotros se queda…
el 15 de Abril de 2009 a las 22:28
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Hace mucho tiempo leí un librito delicioso, Primer Viaje Andaluz, de Cela, con el que me llegaba a reir a carcajadas, solo, como si fuera un majara. Y a lo mejor en esa época empecé a serlo.
Uno de los pasajes que más me gustaron es cuando el Vagabundo -Cela- visita a su amigo Joaquín Romero Murube, a la sazón Conservador del Alcázar de Sevilla.
Se detiene deliciosamente en todo lo que el Conservador le va enseñando, y luego describe magistralmente el almuerzo con el que le obsequia.. un privilegio… en los jardines, nada menos.
Y al final del café, Murube le dice al Vagabundo -cito de memoria, no es exacto- ¿a usted no le gusta dormir la siesta?… y sigue escribiendo Cela y el Vagabundo, a quién el abundante vino no había nublado las entendederas, la cogió al vuelo, dió las gracias, se despidió y dejó al Conservador tranquilo para que se pegara su obligada siesta.
Bueno. Pues el sutil comentario del Suso de si estoy esperando a cumplir los 33 años para seguir escribiendo también lo he cogido al vuelo.
En mi descargo debo volver a abusar de mi demasiado nombrados -ultimamente- libros. En concreto el de Sevilla que estoy haciendo con Paco Robles (ese genio, ese poeta) por razones obvias me tiene embebidas todas las horas del día y de la noche: Sevilla está viviendo la semana más importante del año para la gran mayoría de los sevillanos.
Ésta no es una ciudad en Semana Santa, es una Semana Santa en una ciudad, en un una ciudad-escenario, en una ciudad-sagrario, en una ciudad-nave-de-la-Catedral toda ella. Es una ciudad extraña, nueva cada vez, absolutamente distinta del resto de las semanas de todos los demás meses, de todos los demás años.
Y sobre todo, es una ciudad inundada de Belleza.
Y no solo de la belleza del humo del incienso que lo baña todo de aroma de Cuaresma, o del olor de felicidad de los azahares, o del sonido de los varales cuando bailan los costaleros reciamente debajo de la canastilla, arrastrando las alpargatas, o del sonido milagroso de las saetas, o el estruendoso de las cornetas, o de los motetes solemnes. No es solo esa inmensa, oceánica belleza, es que además, es a Cristo y su Madre a los que paseamos los sevillanos por nuestras calles.
Y eso supera cualquier poema que salga de la imaginación, está por encima del mejor cuadro, de la foto más inspirada.
El libro -libraco, de más de 500 páginas- me está impidiendo, gozosamente, durante esta semana, ocuparme de cosas más urgente. Pero de ninguna manera más importantes.
Para mí -y estamos sólo a Martes- esta agotadora semana no está siendo de Dolor por la Muerte que conmemoramos. Está siendo de Gozo.
De un inefable gozo.
el 7 de Abril de 2009 a las 10:20
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El 30 de marzo de 1977 estábamos Marga y yo viendo en el cine Alameda, primer multicine de Sevilla, la película Silent Movie, de Mel Brooks, la película más divertida pero menos romántica de la historia (exagerando un poco) cuando la niña, con 17 años, agarra, va, y me dice ¿me das un beso?
Treinta y dos años después seguimos riéndonos de todo, seguimos mirándonos a los ojos, mucho rato, seguimos queriéndonos como si el nuestro fuera el amor de nuestras vidas. Como si hubiéramos tenido seis hijos indocumentados y absolutamente maravillosos, como si todavía fuéramos novios.
De hecho ella sigue diciéndome que soy su novio.
Solo han pasado treinta y dos años, un aleteo. La vida es muy corta. Me gustaría que el tiempo corriera más despacio.
Treinta y dos años y seguimos igual. Igual de enamorados.
Es verdad, que acabaremos convertidos en polvo.
Pero polvo enamorado…
el 30 de Marzo de 2009 a las 23:40
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