Qué corta excursión
Qué terriblemente corto es el camino.
Cuando todavía no está trazado, estás de pie en la puerta, ves toda la inmensidad de las montañas, y oyes todas las olas, crees que nunca lo vas a terminar. Ni siquiera intuyes la vereda, tienes muchos más años por delante que por detrás.
En ese momento la vida la mides por decenios, quizá en años.
Pero llega el momento. Siempre llega.
Y es cuando la vida debe ser contada en días. Y mejor, en horas.
Porque la carga en la espalda es inmensa, y delante, como mucho, queda la propina, la prórroga, el descuento.
Y solo queda cantar que la vida vivida puede más que el dolor. Y ceértelo.
La vida, esa enfermedad mortal que no tiene cura, de la que no sales vivo.

Todo el mundo es inmortal hasta que se demuestre lo contrario.
Estadísticamente hablando, no está demostrado que nos vayamos a morir al 100%, tan sólo es la probabilidad más alta.
Es verdad.
Tienes razón.
Debe ser solo cansancio, y que no me he recuperado todavía del mazazo.