Qué corta excursión (y 2)
Esta tarde me he dejado resbalar por la pendiente enfangada de la pena.
Cuando la vida, la puta vida, te espera agazapada para darte un buen palo, o un buen susto, nunca sabemos cómo vamos a reaccionar.
Parece que tenemos que estar preparados para eso, y para asuntos más graves.
Pero nadie está preparado, nadie lleva los sustos en el sueldo.
La vida no es corta, al revés, puede hasta que se prolongue, algunas veces, demasiado.
Pero son las cartas con las que jugamos. A veces no te entran ni dobles parejas, a veces, sin soñarlo, tienes un color.
Pero hay que seguir barajando, y jugando.
Y dando gracias a Dios. Todos los días. Cada hora. Aunque apriete. Que aprieta…. pero, me consta, no deja que te ahogues.
Dame cartas.

Desconozco el motivo. Te acompaño, no obstante, en tu pena.
Amigo Toi, permíteme compartir contigo este poema inédito, dedicado a mi padre, que escribí hace un año, donde trato de reflejar el dolor,la esperanza, la fe. Espero que te de fuerza y ánimo. Un fuerte abrazo, y ya sabes que podemos quedar en la plaza del Salvador para tomar una cervecita.
Un olor de otra tierra por tus manos
cuando un amanecer, en la orilla del río,
lloramos tus cenizas. Era abril.
El zumo de naranja por tus dedos,
los niños con juegos en el patio infinito.
Oigo un extraño eco de risas en el aire.
Hay un olor de olivo en tus sandalias,
en el zaguán te sientas con nosotros,
y quieres que la infancia
no sea más que esta merienda alegre,
vasos de barro y leche, magdalenas
con aroma de almendro.
Un verano,
es el tiempo con luz de jacaranda,
es el tiempo con luna ensortijada
en la copa de un árbol.
Hay un huerto escondido en tu camisa,
la noche con abuelos, ya nos habla,
y cuentos susurrados
y manos parecidas a las tuyas.
Hay un rastro de vida, de otra vida,
en tu cuerpo de fango sobre el agua,
una tarde abril, cuando miramos
tus ojos en el río, en la orilla del río, aquel amanecer.
Ramón Simón
Sigo cerca.
Si hubiera estado a tu lado cuando has escrito esta frase, “La vida no es corta, al revés, puede hasta que se prolongue, algunas veces, demasiado”, sintiéndolo mucho, te hubiera dado un tirón de orejas, un empujón o una colleja.
La vida puede ser demasiado corta a veces… tanto que hay despedidas jóvenes con la piel lisa, la sonrisa en los incicios del tiempo, y con un proyecto apenas iniciado. Despedidas que se quedan con todas las posibilidades de su tiempo creador colgando de una nube. Es entonces cuando la despedida se convierte en un verdadero desencuentro de sentimientos y rebeldía. Absoluta rebeldía.
… Y entonces sabes que Dios SÍ APRIETA.
YA LO CREO QUE LO HACE, Y CON QUÉ INTENSIDAD.
EL POR QUÉ… NI IDEA.
Y también dices que hay que seguir barajando, y jugando. Y dando gracias a Dios. Todos los días. Cada hora.
Yo se las doy a todas horas, pero sé de personas, que sencillamente no pueden. Y personalmente creo que ni deben.
EL DOLOR HUMANO ES INCOMPRENSIBLE.
Así que sí, demos gracias, aún podemos seguir jugando.
Un abrazo muy fuerte.
Sea cual sea esa pena, aún te quedan cartas.
Y amigos.
Ya hablamos, y aquí estoy, para lo que haga falta.
Un abrazo
Aurora
Tal vez la vida sea un cuento.
Por eso se los regalo a mis amigos.
LECTURAS.
Hubo un tiempo lejano,
en el que un joven escritor
rasgó sus primeros versos, en un pais muy, muy lejano.
Tras un Océano salino,
en unas tierras desconocidas,
se adentró en los caminos del pensamiento.
Urgó en los entresijos del alma,
y con un realismo desgarrador,
puso sobre el tapete de la mesa,
un mensaje roto y abierto.
Las gentes leían sus versos,
la industria vendía sus libros,
y él seguía escribiendo,
jugando con las ideas,
reposicionando puntos de vista.
Un día el escritor dejó de vivir,
y los círculos artísticos,
montaron homenajes a su memoria.
Al cabo de un tiempo,
sus textos se convirtieron en clásicos, figuraban en las Enciclopedias,
era objeto de sesudas tesinas.
Después de mucho tiempo,
cuando sólo los eruditos conocían sus obras, cuando ya no se reeditaban sus libros, cuando sus obras descansaban en las oxidadas estanterías de los olvidados desvanes; entonces ocurrió.
Una joven curiosa escaló hasta el desván. Buscaba viejas fotografías de los abuelos, algún bastón viejo, alguna carta de amor escondida.
Aquella joven rebelde moría por encontrar una pista que le ayudara a recorrer un camino.
Entonces se tropezó con el viejo libro perdido.
Con sumo cuidado lo limpió.
Buscó la sombra de un árbol.
Donde la hierba vibra libre.
Abrió la primera hoja.
Leyó una sentida dedicatoria manuscrita con pulcra caligrafía.
Y empezó a leer.
“Hubo un tiempo lejano,
en el que un joven escritor
rasgó sus primeros versos…”.
Y en ese justo momento.
Las piezas del rompecabezas.
Encajaron.
…
Mientras que la hierba libre.
Vibraba.
Atentamente. Driver.
alaaaaaa
Hermoso, Ramón.
Gracias
Suso, I know, I can feel it
Ana, me viene bien que me den collejas, por quejica.
Gracias
Master, querida, lo sé de sobra
Diego, como siempre, grande
gracias
¿Bra?
Retiro mi colleja, pido perdón por el empujón, y qusiera que te olvidarás del tirón de oreja…
… soy una listilla del norte.
Pido disculpas.
Y desde este norte, un abrazo enorme.