YES

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En la música, en ocasiones, la forma puede tener tanta importancia como el fondo. A veces más.
Cuando escuchamos un virtuoso a veces nos gusta más es destello de los fuegos de artificio que las estrellas el fondo.
Y puede ocurrir, ocurre, que una melodía pobre, interpretada con gusto, con originalidad, con talento, de repente se convierta en una pieza musical buena.
Se me ocurre elucubrar en todo esto de las formas musicales cuando alguien me ha comentado hace poco que ya no existen compositores buenos de música clásica… claro. Se le llama Clásica precisamente por su referencia a su antiguedad, además de el denominador común de la instrumentación, ya sabe, violines, en ocasiones violines, y alguna que otra vez violines.
Hoy por supuesto que viven, o han vivido recientemente, compositores excepcionales, inspirados, geniales, que si se hubieran expresado con las arcanas formas llamadas clásicas afirmo sin pudor que le hubieran pegado veinte vueltas a Mozart, o al Sordo… y puede que a Bach. Atrevida afirmación, lo se, pero estoy convencido.
Lo que pasa es su manera de hablar, de escribir, de pensar, de escuchar y de cantar es otra. Afortunadamente. Renovarse o morir.
Escuchando maravillosas bandas sonoras de películas se puede comprender todo esto.
Nino Rota escribió obras maestras, El Padrino, Amarcord, y tantas, pero cuando le he escuchado experimentos de acercamiento a la Clásica, conciertos, cuartetos de cuerda… joder, negro, es música infumable, al menos para mi que soy un ignorante, que solo me gusta lo que me gusta, como he comentado hace poquito.
Otra estupenda manera de vislumbrar lo que algunos compositores hubieran hecho si nacen hace un par o más de siglos es escuchar lo que se dió en llamarse Rock Sinfónico.
Empezó King Crimsom, con la Corte del Rey Encarnado, sorprendiéndonos, allá por el año sesenta y poco, y después se fueron apuntando músicos importantes de verdad. Me acuerdo a vuelapluma de Keith Emerson, de Peter Gabriel, de Sid Barret, Roger Water, David Gilmour, Chris Squire… puf, demasiados nombres que no suenan ya a casi nadie, mejor los grupos: Yes, King Crimson, Genesis, Asia, Emerson, lake and Palmer, Pink Floyd, Alan Parson Project, y por aquí lo hacían muy bien Pegasus, Dolores, Cai, Alameda, Imán, Califato independiente… Yo qué se, y se me olvidan seguro muchos.
Solía ocurrir que dentro de esos grupos militaban instrumentistas muy buenos. La guitarra de Manolo en Imán, la batería de Carl Palmer, el piano de Rick Wakerman o de Emerson, o el de Tony Banks, que si escuchas atentamente el tema Firth Of Fifth, comprenderás que diga que si hubiera nacido en la época del piano romántico les hubiera echado la pata a -casi- todos.
En Yes tocaba la guitarra un tío que desde la primera vez que le puse el ojo encima -la oreja- me quedé con su cara: Steve Howe.
Todo lo que hace -musicalmente- me fascina, aunque suene a caña de lomo, que no suele sonar.
Es un instrumentista de formación de conservatorio, como casi todos los del Rock Sinfónico. que no toca la guitarra. La acaricia.
Con él voy a empezar una sección que se va a llamar Mis Perlas del Basurero.
En realidad es la segunda entrada. Creo que la inauguré sin querer con Gaelic Heart del Miguel Atkinson.
Pongo la pieza Mood for a Day, en versión de estudio en el disco Fragile, y otra en directo.
Enjoy it.
