VIEJOS Y GITANOS

Me ha impresionado una frase que le he oido a un gitano.

Cuando uno de nuestros mayores se muere se quema una inmensa biblioteca. Todo lo que ha aprendido durante su vida se va para siempre. Procuramos estar con nuestros viejos hasta el último momento. Para aprenderlo todo de ellos. Son nuestros maestros y nuestros tesoros más preciados. Por eso no concebimos eso que hacéis los payos de meterlos en residencias o en asilos, como si estorbaran.

Sobre los gitanos tengo algunas opiniones que no pondré por escrito, fruto de mi más directa experiencia.

Pero en esa cuestión del amor, del respeto, de la veneración por sus abuelos nos llevan siglos de adelanto a los que no somos de esa raza que viene desde la India. Al menos en eso, mis respetos más envidiosos por los gitanos.

el 24 de Septiembre de 2008 a las 21:00
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3 Respuestas

  1. Diego el 24 de Septiembre de 2008 a las 23:50

    Una vez contraté a un gitano viejo como vigilante de una obra en Leganés, Madrid.
    Para pagar hacemos transferencias a las cuentas de los trabajadores.
    El gitano viejo no tenía cuenta corriente.
    Me pidió que le acompañara a la Caja de Ahorros para abrir una, pues él no se aclaraba con eso de los papeles.
    Le ayudé y a pesar del careto del director de la sucursal, se abrió la cuenta.
    El gitano viejo cumplió con su trabajo, nadie robó en la obra, pues en aquel barrio le respetaban mucho.
    Un día de Navidad me acerqué por la obra a las 11 de la noche.
    Habían como treinta personas alrededor de un fuego.
    Me acerqué. Todos los que estaban allí eran gitanos que acompañaban al vigilante mayor para que no estuviera solo en Navidad.
    El jodío estaba contando cuentos a los pequeños, y todos escuchaban.
    Me senté con ellos y escuché cuentos sobre viajes y estrellas plateadas.

    Cuando volví a mi casa en la tele había un especial de Navidad con imágenes de un extraño ser llamado Papá Noel.

    No soy envidioso, pero ese día sentí mucha.
    Mucha envidia.

  2. suso el 25 de Septiembre de 2008 a las 10:42

    Por motivos de curre visito cada mes cerca de 20 residencias de todo tipo,cinco estrellas, tres espigas y un cardo. No hay ni un gitano.

    En todas, por muy buenas que sean, por mucha calidez de hogar que anuncien, hay una sensación de aséptica soledad, de cortesía triste. Sientes que falta algo.

    No es “algo” la palabra. Falta “todo”. Y hace frío allá dentro.

  3. Julia el 26 de Septiembre de 2008 a las 18:34

    De la reciente muerte de mi viejo abuelo, me quedo con la miel de haber escuchado sus batallitas cuando era pequeña; siendo adolescente, haber oido cómo me contaba, con los ojos llenitos de ayer, del día que se enamoró de esa joven y hermosa moza que aún le toma la mano, 60 años más tarde; siendo una inexperta amita de mi casa, cómo filosofaba sobre los negocios, las personas, la familia, el camino de la vida… Me quedo con esas últimas horas que nos dio, sonriendo y escuchando todo lo que sus más queridos le contaban…hasta el último momento, dandoles las gracias…

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