Este fotógrafo o “amarraor de cromos coloreaos”, me confunde.
Explícome.
Hace 27 tacos que dibujo, construyo y destruyo edificios.
Y en todo este tiempo tengo, o mejor dicho, tenía dos conceptos claros.
Uno. La ROTUNDIDAD. Esos edificios que se erigen como menhires pétreos, tipo la embajada de Italia en Madrid en la calle Juan Bravo. Un volumen contundente. Masivo. Son como los coros del ejército ruso. Tropecientos cantantes a pleno pulmón.
Dos. Lo ESBELTO. Esas estructuras metálicas y esbeltas, que saltan a la comba sobre el vacío. La torre Eiffel. Son como las saetas andaluzas. Saltan ligeras del balcón cantarín al corazón del creyente.
Y va el fotógrafo y me la lía.
Se coge un puente etéreo, metálico, esbelto.
Lo pilla de refilón, en disposición angular y diagonal. Masifica su volumen, jugando con las sombras.
Contrapone su rotundidad, enfrentándola a una lámina de agua naranja.
Diagonaliza su traza.
Aprovecha la primera arcada para redescubrir un trozo de Venecia, reflejando la luz en la fachada ribereña.
Y no contento con esto, dispara a un cielo, que corriendo que se las pela, se escapa hacia el infinito.
Transforma lo etéreo en contundente, para volver a representar lo sutil.
Juguetón.
…
Este fotógrafo me confunde.
¡Pa dos ideas claras que tenía sobre volumetría!
¡Viene este señor y me la lía!
¡Hala!, ¡A recolocarme los conceptos de nuevo!
¡Trabajo me dais, redios!
Este fotógrafo o “amarraor de cromos coloreaos”, me confunde.
Explícome.
Hace 27 tacos que dibujo, construyo y destruyo edificios.
Y en todo este tiempo tengo, o mejor dicho, tenía dos conceptos claros.
Uno. La ROTUNDIDAD. Esos edificios que se erigen como menhires pétreos, tipo la embajada de Italia en Madrid en la calle Juan Bravo. Un volumen contundente. Masivo. Son como los coros del ejército ruso. Tropecientos cantantes a pleno pulmón.
Dos. Lo ESBELTO. Esas estructuras metálicas y esbeltas, que saltan a la comba sobre el vacío. La torre Eiffel. Son como las saetas andaluzas. Saltan ligeras del balcón cantarín al corazón del creyente.
Y va el fotógrafo y me la lía.
Se coge un puente etéreo, metálico, esbelto.
Lo pilla de refilón, en disposición angular y diagonal. Masifica su volumen, jugando con las sombras.
Contrapone su rotundidad, enfrentándola a una lámina de agua naranja.
Diagonaliza su traza.
Aprovecha la primera arcada para redescubrir un trozo de Venecia, reflejando la luz en la fachada ribereña.
Y no contento con esto, dispara a un cielo, que corriendo que se las pela, se escapa hacia el infinito.
Transforma lo etéreo en contundente, para volver a representar lo sutil.
Juguetón.
…
Este fotógrafo me confunde.
¡Pa dos ideas claras que tenía sobre volumetría!
¡Viene este señor y me la lía!
¡Hala!, ¡A recolocarme los conceptos de nuevo!
¡Trabajo me dais, redios!
Qué me ha gustado lo que has dicho de mi foto. Me ha encantao.
Gracias Diego.
Maaad.
Ahora puedo ir easy, porque puedo conducir hasta allí
Great
FELICIDADES!!!
que sigas imparable.
Besos
FELICIDADES.
Me siento contigo.
Que es sentirse con todos.
Un abrazo.