PERSEIDAS

El silencio es denso.

Todo está oscuro.

Corre un curioso y bienvenido aire, muy fresquito.

Y los únicos que quedamos en casa, Tere, Marga y yo nos colocamos en tumbonas placenteras, mirando con insistencia el cielo.

Como siempre, no hay manera de que todos los observantes a la vez veamos las mismas estrellas fugaces.

Marga y yo vemos una inmensa, que deja un halo deslumbrante detrás.

Teresa, como no pilla ni una, se sube a la azotea, por ver si ve más cantidad de cielo.

Cuando baja nos da envidia: tres.

Seguimos tumbados.

Nada.

No se donde se meten esas cien a la hora que dicen los que entienden que van a verse esta noche. Profetas.

Eso es que miráis al oeste, y la lluvia de perseidas son mirando al este.

No se para qué miráis hacia poniente si son por el norte.

Justo donde no miramos. Llegamos siempre tarde donde nunca pasa nada.

Pero la que vimos Gum y yo al principio de la caza ha valido la pena por todo un año de paciente e infructuosa observación.

Qué luminosa belleza. Qué fugaz fugacidad.

La de conclusiones que se pueden sacar, extrapolar, sobre lo poco que dura ese disfrute, esa felicidad y lo mucho que dura la tristeza, joé, como dejó escrito Vinicius de Moraes en ese milagro, A Felicidade, compuesto con el maestro Jobim para Orfeo Negro, Orfeo de Conciençâo... tristeza nâo tem fim, felicidade sim, a felicidade é como uma gota de orvalho, numa pétalo de flor, brilha tranquilo, depois de breve oscila, e cae como uma lágrima de amor ….

Lágrimas de amor, eso podrían ser las estrellas fugaces.

Pero es que no son más que polvos galácticos quemándose al entrar en la atmósfera. Bellísimos y fugaces polvos. Eso sí, cuidao… galácticos.

Nada más.

Cada día me gustan menos las metáforas.

Cada día me gusta más la real realidad. Pintada de poesía, siempre, pero contundente realidad.

Es lo que tenemos. Son las cartas que nos tocan jugar.

Juguenos.

Qué bonita perseida he visto esta noche.

el 12 de Agosto de 2008 a las 01:11
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6 Respuestas

  1. Driver el 12 de Agosto de 2008 a las 02:25

    Desde Tierra de Fuego.
    Pregunto por qué Tierra de Fuego.
    “Espera al atardecer, pibito”.
    http://www.duchene.be/108_0879.JPG
    Y al fin, encuentro una respuesta.
    21.000 millas naúticas desde Cádiz.
    Me vuelvo a tropezar con el naranja.

    Mañana navegamos más al sur.
    Con un poco de suerte, nos salimos del mapa.

  2. Teresa el 13 de Agosto de 2008 a las 01:16

    Yo también vi la Una que visteis vosotros, niño!
    Vi cuatro pues, jiji, gané, supongo…

  3. Sil el 13 de Agosto de 2008 a las 12:23

    Lo bueno que tienen las metáforas es que a veces las expresiones ajustadas a la realidad se quedan cortas. Entonces un símil, un malabarismo que siempre debe abominar del tópico, más atraviesa que clava el sentido de lo que se quiere decir.

    Pero amar, siempre como ya no se estila.

  4. Driver el 13 de Agosto de 2008 a las 20:13

    Estoy embarcado en el mercante “Nuestra Señora de los hielos”.
    La razón por la que me han dejado embarcar ha sido que necesitaban un “ayudante de cabrestante” para el helicóptero.
    Los dos últimos que habían contratado habían dimitido por crisis de estrés.
    Este buque abastece regularmente la Base Marambio y a la Base Esperanza.
    Como a veces la mar está brava, el buque no puede acercarse a la costa y entonces el capitán dice lo de “echad el ancla y que salga el helicóptero”.
    Cuando hace mucho viento – es decir, todos los días-, es mejor bajar la mercancía con la grúa o cabrestante que tiene el helicóptero.
    Y allí estoy yo, cable arriba, cable abajo. Fardo de comida arriba, fardo de comida abajo.

    El helicóptero, que es un viejo artefacto ruso, tiene mucha potencia pero de estabilidad anda un poco flojo.
    La tripulación de la aeronave se suele beber una botella de vodka antes de cada maniobra, telefonean a su familia, se despiden y firman su testamento.
    Yo como no tengo familia ni propiedades, me conformo con lo del vodka.

    Esta mañana hemos volado sobre el Océano Glaciar Antártico.

    Hacía un viento del carajo. Unos veinte nudos.

    Esta máquina vibra como una vieja locomotora de vapor.

    La trayectoria indefinida que hemos trazado desde el buque hasta tierra, parecía guiada por la mano de un piloto borracho de vodka. Esto es así porque el piloto se había bebido media botella antes de despegar del buque.

    El resto de la tripulación gritaba enfurecida por el miedo y por los continuos vaivenes de la aeronave.

    El piloto se ha dirigido a mí y me ha gritado:”Driver, suelta los fardos y huyamos de aquí a toda velocidad.”

    He manejado el cabrestante como Dios me ha dado a entender, intentando no aplastar a ninguno de los científicos que estaban en tierra, agitando unas pañoletas rojas.

    No estoy muy seguro de no haber aplastado a alguno.

    Y de pronto, cuando el piloto ha emprendido la huida, lo he visto.

    Una inmensa manada de ballenas grises.

    Emergían de las profundidades para respirar.

    La bestia más grande que Dios nos ha regalado.

    Sus bufidos eran tan potentes como los chorros de agua que sueltan cuando emergen.

    Y en medio de la manada, un pequeño ballenato blanco. Iba pegado a su gran mamita.

    Un ballenato blanco. Que, visto desde 800 pies de altura, subido en un viejo helicóptero ruso, rodeado de una tripulación borracha y alterada por el miedo…

    Me ha parecido la viva imagen de la inocencia.

    Una blanca inocencia, nadando cerca de las latitudes polares.

    Donde los mapas se acaban.

  5. Sara el 23 de Septiembre de 2009 a las 07:16

    Preciosa tu historia DRIVER; he venido a parar aquí buscando la palabra “cabrestante” para una traducción con la que llevo toda la noche y.. has logrado quitarme el sueño. Muy bonita, ¡si señor!

  6. Driver el 23 de Septiembre de 2009 a las 23:10

    Sara, si quieres leer más cuentos, bucea en
    http://sunsi-pensardeoficio.blogspot.com/
    y busca la etiqueta Driver.
    Vivo allí de prestado.
    Es gratis.

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