Michael Atkinson

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Ramon Trecet es un hombre curioso.

Desde hace 22 años conduce un programa, Diálogos Tres, en Radio Tres.

Son los años que llevo escuchándolo, con más o menos continuidad, con más o menos fidelidad.

Una época compartió el programa con Lara López, esa pésima locutora que SIEMPRE baja la voz al final de TODAS sus frases, con lo que es imposible enterarse de lo que está diciendo. Ahora es la flamante directora de Radio Tres. Mejor, cuanto más lejos de los micros mejor, que se quede en su despacho. En una ocasión charlando con ella me habló pestes de don Ramón. Yo, que no tengo intención de ir de camping con él, me limito a disfrutar de su sabiduría.

Por ejemplo, le agradezco a Trecet el haberme descubierto músicas que sin él jamás hubiera sabido de ellas, mostrándome parajes bellísimos, viajes para flotar entre nubes de mandarina.

Al principio se dedicaba casi en exclusiva a la música celta, irlandesa en concreto, pero 22 años dan para mucho y ha tenido épocas terribles, como cuando le dió por las cantantes griegas, especies de Pantojas peloponesas, o por la música armenia, o por la iraní, o qué se yo.

A mi me pasa que la música me gusta si me gusta. O sea, no por el hecho de ser rara, o porque es antigua, o porque es de África Citerior tocada por pigmeos con los cuencos de cocos viudos. Me gusta la música clásica, pero no toda, y el barroco, hasta que me aburre tanta repetición, o la bossa nova, hasta que se torna hortera.

Volvemos a la eterna discusión de la belleza y el arte: siempre hay que sumar talento y emoción, y pasión. El oficio se da por supuesto.

Podría escribir cienes y cienes de entradas sobre las muchas músicas que disfruto hoy gracias a don Ramón, pero me voy a quedar con un tío que hacía tiempo que no escuchaba y que esta tarde me ha sorprendido desde las sombras ocultas de las polvorientas estanterias de mis cedes, el australiano de origen irlandés Michael Atkinson.

En la red no hay casi nada sobre él, solo donde nació, en Ceduna, una ciudad del sur de Australia, a la orilla del mar,  que estudió en el conservatorio de Adelaida, que dió conciertos en su pais y en USA, que ganó muchos premios por sus bandas sonoras (de la que solo nombra la película, conocida en su casa a la hora de la cena, Snowy, y otra igual de famosa llamada Stan and George)

Pero pasa que todo eso es secundario.

Lo esencial es su música.

Es extraordinaria. Es sorprendente. Es evocadora. Es bellísima.

Mi muy querido Tom me ha preparado este magnífico armazón, el Shakuhashi, con la ayuda de la artista Tere, como ya he comentado, que hasta ahora solo me ha dado satisfacciones. A mi me toca llenarlo de color naranja y de mis mariconadas.

Ahora voy a seguir poniéndolo a prueba y voy a intentar subir música para compartirla.

Lo dificil va a ser escoger qué tema del disco Gaelic Heart os enseño primero.

el 2 de Septiembre de 2008 a las 18:09
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3 Respuestas

  1. Diego el 2 de Septiembre de 2008 a las 18:33

    Acabo de tomar café con uno de los mejores neurocirujanos del pais.
    Todo un científico. De cuna.
    Me comenta que ante ciertas imágenes, sonidos y sensaciones, se nos conectan unas células de no se qué lóbulo occipital parietal, troncopiramidal.
    Le pregunto que cómo funciona la cosa.
    Y el tío me dice simplemente:”No tenemos ni zorra idea”.

    Pago el café y me despido.
    Nunca una declaración total de ignorancia suprema me había dejado un sabor tan dulce.
    A veces la ignorancia es reconfortante.
    Muy reconfortante.

  2. suso el 2 de Septiembre de 2008 a las 20:30

    Me pongo esto en el coche- mañana a Vigo, pasado a Lugo, luego vuelta a Valladolid…y me pego un meko de aquí te espero.
    Mañana te hago un homenaje,agüelo…¡me has descubierto a un amigo!

  3. Antonio el 2 de Septiembre de 2008 a las 21:34

    Larga travesía me parece, maese Suso.
    Ahí le mando dos temas más, por mor de que sea mas luengo el disfrute.

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