La revolución
Una cosa es evidente: no podemos seguir así.
Es una tentación ponerme a enumerar los desastres cotidianos, las muertes, los abusos, las injusticias, la estulticia con la que el común de los mortales aceptamos esta realidad donde los colores están mal pintados, los olores no son los que deben ser, los dientes se asoman en sonrisas que no deberían sonreir, los ojos lloran lágrimas que no deberían existir.
Se escuchan muchas palabras hueras sobre el importante momento histórico que vivimos, del poder limpiador de la llamada crisis financiera mundial, gracias a cuya convulsión parece ser que todo va a ser volcado, cambiado, yes we can. Pero a pesar de lo hermosa que es la ilusa ilusión, mucho me malicio que todo todito todo va a seguir igual.
Los valores van a seguir siendo los de la simple supervivencia, la triste escala dominada por el poderoso caballero don Dinero. Tanto vales tanto tienes.
Los esquemas mentales de la aldea global siempre van a estar dominados por la avaricia, mientras los de siempre controlen los controles y sigan traficando con la vida, con la muerte.
Pero yo, que no soy de ver muy claros los signos de los tiempos, olfateo la brisa y barrunto aires de cambio, lentos, pausados, largos.
Y me llega el aroma de una pacífica revolución. Añorado huracán que lo barra todo y deje lo esencial.
No lo veré, claro, pero algo se mueve por el humus de los bosques, por el fondo de los rios, con el canto de las olas. No lo veré, pero llegará.
Tiene que llegar.
No podemos seguir como estamos.

No va tan mal la cosa en verdad. No estamos a ún a punto de caramelo para revoluciones. Ya lo dijiste tú, en este mismo blog, que nuestros vecinos aún no llevan rifles ni pasamos hambre en el primer mundo. Tal vez los que si pasan por eso desde hace decadas esten empezando a hartarse, pero aún así… no termino de verlo.
¿Que no podemos seguir así? Pues no de forma indefinida… pero un poquito más sí.
“No lo veré, pero llegará”. Ese es el consuelo de las ideologías utopistas, como el comunismo, como la mirada aparentemente vigorosa –pero herida de muerte– que Neruda echa a las alturas de Machu Pichu en su Canto General: la humanidad acabará yendo bien, y eso me alegra hoy día, aunque yo no lo vea. En fin, si alguna vez esa visión utopista no se ha destruido a sí misma, si a dado fuerza a alguien para vivir, que me lo explique. En concreto, a mí, en un aparte. Porque no puedo ni imaginar una filosofía de vida que no encuentre motivos reales, directos, presentes, para su alegría, sino que los posponga “sine die”, y sin embargo funcione. No me lo creo.
De hecho, pese a la literalidad de este post, el tono general (no sólo su arranque) es melancólico, tristón, abatido. Estado de ánimo muy comprensible, por otra parte.
Shaku, muy buena la musiquita que tienes ahí puesta. Gracias.
Mi duda es que sea pacífica la revolución.Lo que es seguro es que hay todo un movimiento emigratorio,y una pasión por las ideas que nunca se habían dado.
Eso puede alimentar mentalidades antisistema, sobre todo si se toca el bolsillo del personal, o si el hambre acecha. Entonces ni ideas ni gaitas.
Aunque es un clásico, me gusta pensar que la Historia es cíclica, aunque avance, y que hay películas que ya hemos visto antes.
Es verdad, no debo hablar, no paso hambre.
Pero mientras sigo en esa conformada y fluida comnivencia, la casi totalidad de mi trabajo, las remuneraciones que me reportan, de una forma o de otra, me la roban.
De mientras, la libertad se va cercenando. De mientras el día se termina y yo sigo con esa sensación.
No hace falta que el vecino porte pistolas, ni que lleguemos a la deseperación, mientras los velos sigan corridos, mientras las semanas caigan una encima de otra y se sigan muriendo muchos niños al minuto de hambre.
No hace falta que desaparezca esa aparente paz de que al cerrar la cancela nos relajemos. Basta con que nos asomemos a lo que podría ser y los que controlan los controles no permiten que sea.
Sí que navego ahora por una pequeña melancolía, el frio debe ser.
Pero esa procrastinación, ese preterar los gozos o proyectarlos en los nietos no son óbice para que disfrute de mis propios disfrutes…
Cuando escribo de estas cuestiones es cíclico decirme lo tiernamente mayo-del-sesenta-y-ochesco que parezco, lo cual es lógico, aunque yo me rebrinque, pero es que es verdad… son películas que vemos una y otra vez y nunca sale el the end.
2010 Toi.
2010
No estoy de acuerdo con Junkidriko, para variar.
No será una revolución como la hemos conocido hasta hoy. Será diferente, y será grandiosa.
Yo sí he oido, mucho, y cada vez más a menudo, hablar de una revolución cercana, antes de leer tu post, en la calle, en la clase, en casa. Creo que sí que la verás. Y lo mejor es que participaremos de ella, con el mero hecho de ser tal como somos.
Esa será nuestra revolución.
No sabes lo que me ilusiona
pero debe ser en Barcelona, porque en Sevilla, en habiendo pescaito frito y cerveza fría, lo demás parece que les sobra.
Estoy con Teresa en esto.
Cierta revolución, quizás mínima, es posible, a veces, desde el no personal a algunas cosas.
¿Hay algo de revolución en no tener televisión, en negarse a que entre en tu casa? Quizás sí, quizás no.
¿Hay revolución en decidir que no se va a comprar una casa -aunque bajen los precios- porque no se puede/quiere entrar en una dinámica de “estar cogida” de por vida? Es posible que sea hacer más de la necesidad virtud que otra cosa…
¿Hay algo revolucionario en pensar que es mejor trabajar de free lance -a destajo en castellano- que en nomina… porque eres más libre que si estás en la cuadra de alguien? Tengo mis dudas… pero quizás es otra manera de decir que no a algunas cosas.
¿Hay revolución en creer en personas y nunca más en instituciones? Seguro.
Quizás no es revolución nada de lo que he dicho, quizás es simple opción personal que se permite cuando no hay nada detrás, ni delante tampoco…
Como dice Teredores, la revolucion (que palabra tan tristemente cliche, ya) caso que ocurra, será lenta y llevada a cabo por una persona cada vez.
No será por los perriflautas de familia acomodada.
No será por una clase política más joven de cara e igual de rancia por dentro.
Posiblemente ni siquiera se hable de ello, sencillamente será como se empiecen a hacer las cosas. Menos gasto en coches banalmente caros, mas gasto en viajes que amplían horizontes. Menos transigencia con la ineptitud de los poderes. Paulatina implantación de modelos de negocio menos opresores, como en la música. Cosas así.
Pese a mi escepticismo, estaría bien ver cómo poco a poco a la revolucion no le importe que lleves o no lleves ropa de marca.
Que a la revolución no le importe tu acné.
Que la revolución no quiera que pierdas cinco kilos.
Porque la revolución no vaya a ser televisada.
Aurora, abundo: creo que ésto de lo que hablamos tiene que empezar en el corazón de cada individuo, pero tengo la certeza de que se va a correr como una gota de aceite en un papel de estraza.
Dear Sil, esa última frase… mucho me temo que no se podrá evitar que se televise.
Aunque mantengo que el invento de la tele es uno de los más perversos de la Historia, y debería desaparecer lo primero. Después los Bancos. Después los políticos. Después el futbol…. ya paro.
La tele, como instrumento, es neutra. Los que deberian desaparecer son los que la pervierten y dejar hueco para aquellos capaces de traernos Doctor en Alaska o Muchachada Nui.
He trabajado en la tele, lo siento, esto es como declarar que fuiste puta, pero es la verdad.
Y como sé cómo se las gastan, por eso estoy de acuerdo con Toi: es el invento del maligno. No hablo de la parte técnica que es estupenda, digo el montaje de la tele en abierto que está todo hecho sobre la base de las llamadas audiencias: la tele lo que vende es publicidad, y la publicidad tiene un precio -más alto o más bajo- en función de las audiencias, del share, de la cuota de pantalla.
Los que somos mayorcitos nos acordaremos de cuándo sólo había una tele: tve1 y la 2 en los pueblos donde llegaba. Con todo mucho mejor. Yo aprendí de teatro viendo TVE, sería de la dictadura, pero era una tele mucho mejor.
LA tele en España ADEMÁS está definida como servicio público, chúpate esa, es una CONCESIÓN que el gobierno concede. Y con el que se han forrado Grupo Vocento y los italianos con telecinco para empezar y otros cuantos para seguir.
La tele, el negocio de su publicidad -que es de lo que va esta historia- se basa sobre una gran mentira: la medición de audiencias. Un sistema que no da tiempo para explicar aquí pero que es más falso que Judas. Pero se mantiene porque si aceptamos la mentira … se cae el mercado publicitario. Y queridos niños: nadie quiere que se caiga el mercado publicitario, no conviene.
Los sueldos de los ejecutivos de la tele son de escándalo. No te hablo de los “famosos” -que ganan lo suyo también-, te digo los de los mandamases. Y no hay más tontos-malos por metro cuadrado porque no caben, es el sector con más tontos por metro cuadrado. Con las productoras: daría para mucho, se podría hablar de qué narices pasa con las productoras que se llevan el gato al agua, forring, forring…
¿Hay gente honrada en esto? Por supuesto. En TVE había gente ESTUPENDA hoy arrinconada en su mayoría. Gente profesional y que no vende a su madre por un plato de lentejas. Y en otros lugares también, pero el peso de la pela es tan fuerte que es casi imposible hacer nada bueno. Hay islas maravillosas, pequeñas islas que de vez en cuando nos recuerdan la potencia del medio y que sólamente hace falta personas con sentido común y un mínimo de ética que quiera hacer y decir algo interesante.
La televisión es pródiga en 2 tipos de personas: cínicos y escépticos.
Los escépticos no creen en nada. Y como no creen en nada ¿por qué te escandalizas de que demos mierda? La mierda no existe, tampoco el mal, ni el bien.
Los cínicos si que creen en algo, creen que hay belleza y bien… pero se lo dejan para ellos que son muy selectos… porque el “pueblo” es demasiado burro para comprenderlo y que le guste. No, mejor démosles muslamen y programas de corazón.
Lo siento Toi, me han tocado un tema … que me pone a 100. 2 años estuve, luego trabajé como externa para una cosa que en principio era buena y estaba pensada para tener contenido monetario y más de ayuda a causas concretas(12 meses, 12 causas): tuve que dejárles al año y medio, que quedarme con una mano delante y otra atrás… porque los muy hijos de su madre convirtieron algo bueno en una puta operación cosmética. Que es de lo que va la tele: cosmética.
Y luego “me se escandaliza” un directivo de A3, le entra un rebote del 3 porque no quiera currar para ellos haciéndoles la memoria de responsabilidad de la cadena: joer tíos, si ni teléfono al telespectador tenéis para no canalizar ni medir las quejas… Gente de menos de 40 ganando a espuertas no acepta un no, no puede vivir con un no de alguien: no lo entienden.
Perdón, Toi… por este espacio. No puedo verles.
¡qué bárbaro! no me pidas disculpas por usar mucho sitio aquí, no solo es gratis sino que además está pa gastarlo, y más con cosas tan interesantes como las que esbozas.
Solo tengo 51 años pero todavía recuerdo cuando no existía la tele, y se charlaba, y el conversador no era todavía una especie en peligro de extinción.
La tele ha conseguido una deceleración en el desarrollo del cerebro, al dotarlo de un sustituto del pensamiento.
Habría mucho que hablar, pero igual que en política tenemos lo que nos merecemos.
Master en clouds, te doy toda la razón. Incluso creo que podías haber metido un poco más los dedos sobre la alta calidad de la televisión de la dictadura incluso sin comaprarla con la actual. Los sueldods, las incongruencias y putadas de las empresas que se dedican a explotar el filón de las teles, son de sobra conocidas porque les puedes cambiar el nombre y la actividad, pero siempre son las mismas. Creo a pie juntillas que la culpa de todo la tienen los televidentes que asisten como borregos hipnotizados a la procesión de infamias que les largan por la pantalla. Sería aconsejable que la apagaran, ¿y por qué no lo hacen? ¿Acaso le da miedo a la gente desarrollarse en un mundo para el que ya no sirven? Miedo, esa es la palabra clave. Miedo a sentarse delante de la familia y darse ceunta de que no tienen nada de qué cñ hablar. Los tiempos que narraba la novela/peli Farenheit 451 hace mucho que llegaron y se han instlado entre nosotros como un pentecostés tóxico y de todo a cien. Ante el miedo a la libertad hay que apagar la tele y dejar de votar en las eklecciones a tanta canalla/morralla política de mrd que es, por desgracia, nuestro reflejo. Porque “ellos”, y eso es lo terrible, somos nosotros.
Abrazos.
Curioso: acabo de leer una frase en mi agenda,viendo el curro de mañana, y pone textual:
Jueves, 27 de noviembre
Fiesta en Estados Unidos.
“Uno de los medios más eficaces para que las cosas no cambien nunca por dentro es renovarlas constantemente por fuera”
(Antonio Machado)
La revolución, en su caso, creo que será cuestión de bastantes generaciones.
Ni siquiera hay ya, o quedan muy pocos, intelectuales, historiadores,economistas,sociólogos…con voluntad transformadora.
Se vive al día. Sin más metas, acaso, que el corto plazo.
El usar y tirar…eso sí, reciclándose.
Con la venia de Toi que es el anfitrión y sé que me la da.
Mira, Pescatore, sí y no.
Efectivamente, los telespectadores -o sea, nosotros cuando vemos la tv- podemos apagarla. Es verdad. Pero no es toda la verdad.
Así se escudan estos tipos y nadies les pide nada. Es como si yo compro Procter & Gamble, un detergente, y me sale malo, me rompe la ropa, y el tipo de Procter& Gamble no me pide disculpas, no tiene un servicio de atención al cliente. Eso con un simple producto de consumo como un detergente: lee todo lo que te “ofrecen” de servicio al cliente un simple detergente.
Pero es que encima la tele no es sólo un producto de consumo, es algo más. Insisto: en el caso español está definida como “servicio público”. ¿Y si no lo estuviera? Quitaría argumento, pero no todo.
La tele como los medios de comunicación son empresas y como tales tienen una responsabilidad específica más allá de las leyes (que aunque las cumplieran ya pues con eso casi que íbamos sobrados), una responsabilidad empresarial en función de lo que hacen, distinta a las demás, propia de su sector, cada uno en lo suyo.
Como, por ejemplo, quien “hace energía” tiene una responsabilidad más específica en materia medioambiental que quien hace, pongamos por caso, alimentos, que la tiene pero sobre todo la tiene respecto a lo que hace: cositas para meternos en nuestro estómago.
Lo que no puede ser y además es imposible es que esta gente ponga sus sucias manos sobre Mozart y alegue la libertad de expresión por la que están presos periodistas en todo el mundo o son condenados a una fatwa escritores… para hacer programas deleznables y sean además recibidos en los salones.
No, perdona, yo no soy ellos. Ni de coña.
Yo y otros muchos podremos ser incoherentes, inconstantes, imbéciles incluso… pero no me compares, porque hay grados, muchos.
Lo fácil es poner a todo el mundo en el mismo saco: es lo que hacen los cínicos de la tele, como el mudno es una mierda ¿qué más da que nosotros añadamos mierda? No te cabrees tanto que al final lo nuestro comparado con el tráfico de armas es pecata minuta. Y por ahí sí que no entro.
De acuerdo en no ver la tele, en ver sólo determinadas cosas o incluso en no tenerla.
Pero eso no exime ni de coña, Pescatore, de la responsabilidad de los medios. Echa un vistazo si te interesa el tema al último número de Compromiso Empresarial sobre Quién vigila al vigilante sobre la responsabilidad de las empresas de comunicación. Si no lo encuentras, pon tu correo que te lo envío si puedo linkarlo.
Echa un vistazo, por ejemplo, a cómo se hace The Guardian, a la entrevista con Jon Cofino, a qué narices se comprometen: a cómo rectifica un medio cuando se equivoca -como todos-, a qué es una línea editorial y cómo compatibilizo eso con la libertad de los periodistas, a qué se invierte en quienes hacen los medios -los periodistas- y cómo podemos ser independientes si a la vez nos financiamos con publicidad. La entrevista con Cofino no tiene desperdicio: nos llevan años luz.
Uyuyuiii, master, ¿de verdad te he comparado? Seguro que no me he expresado bien. En todo caso he usado el plural para incluirme falsamente entre los espectadores porque yo, como tú, ni de coña soy como ellos, pero no lo puedo expresar tan a las claras sin caer en la soberbia.
No te sulfures y no gastes energías. Ahorra diciendo Ariel en lugar de Procter&Gamble, que fueron los h p que mataron a mi tio Álvaro reventándolo de trabar.
Y disculpa pero no tengo tiempo para leer nada. me fío de tu palabra y lo que me cuentas. No obstante darme de baja de la línea ADSl de Telefónica fue para mí una experiencia tan igual y traumática como la del detergente tóxico, y en este caso, como en elde la tele, las armas y loque quieras nombrar, quien realiza la dejación de funciones es el GOBIERNO (este y todos los anteriores, y se supone que el Gobierno es un “servicio público”.
Un saludo y me voy a casa.
qué me gusta leer discusiones gozosas y enriquecedoras por estos lares.
Gracias a todos.