La muerte, en Venecia, no es para siempre
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Vuelvo a los clásicos.
Sin remedio.
Es verdad que en el Arte es imprescindible la renovación, pero la Belleza no sabe de esas sutilezas. Solo es. Solo existe.
Me he encontrado con estos videos en el inevitable youtube. Vi esta película con mi novia. Hace mas de treinta años.
Da igual. El tiempo no la ha atravesado, sigue incólume, perfecta. Nueva y clásica.
A muchos nos descubrió a don Gustavo Mahler.
A algunos nos tatuó el sueño de Venecia y nos quitó la paz, como cuando escuchas una gaviota en Triana y no puedes descansar hasta que coges el coche y vas de un tirón a Cádiz, solo a ver el mar.
Cuando el año pasado fui por fin al Lido, a la Giudecca, al campo de santa Margarita, a san Rocco, al campanille de san Giorgio, resultó ser mucho más hermosa, más increible su decrépita belleza de lo que me había imaginado.
Finalmente dejó de ser un sueño. Lástima.
No importa, tengo muchos más.
En los viajes muchas veces es mejor el trayecto que el destino. Y algunas veces es mejor tener un sueño que cumplirlo. No pasan esas cosas con Venecia. Es un milagro. No te lo puedes creer, pero es verdad. Existe Venecia.
Y la culpable de esa desazón que me habitaba es esta película perfecta.
Muerte en Venecia. Muero lejos de Venecia.
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¡¡Qué pasa aquííí!!!? ¿dónde están los imponderables comentaristas de antañooo?? Será, Toi, que Venecia es incontestable, y no da lugar a la polémica, como las cositas del güicán de Bobama y eso. (Vaya diíta, compadre).
La Fortuna me sonríe.
Mi primer millón de euros lo gané con 18 años.
Llegué a Venecia en un Seat Panda.
Mochilas, latas, sacos de dormir.
La amistad de un grupo de adolescentes.
Recorrer la Costa Azul.
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Mi segundo millón lo gané con 28 años.
Llegué a Venecia en tren.
Bolsón de viaje y dinero para bocatas y pensión.
Mi morena quería montar en góndola.
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El tercer millón lo gané hace un año.
El aeropuerto de Marco Polo.
Maletas, carritos de niños y hotel.
Mis hijas querían jugar al pañuelo en cada esquina renacentista.
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Dice un amigo pintor que el secreto de Venecia está en la luz. Se mezcla la que llega del cielo, los reflejos de la laguna y la impregnada por los colores del estuco de sus fachadas.
Cada día, cada hora, diferente.
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Tal vez sea ésa la luz que me hizo millonario.
Tres viajes.
Tres millones de euros en mis pupilas.