El siglo de la fe
De cuando de cuando hay en mi casa desayunos mancomunados.
No son frecuentes, pero si hay invitados que duermen en casa (donde pueden y les dejan) solemos desayunar todos juntos largamente, y se charla de los asuntos más inesperados.
Hoy es domingo soleado pero no muy caluroso, todavía. El sol entraba completo por la ventana que da al este. Ambientazo.
Y se me ha ocurrido comentar que este siglo XXI es sin duda el siglo de la fe, más que ningún otro.
Justo al día siguiente de la tragedia de Barajas entrevistaban a viajeros que se embarcaban en aviones precisamente de Spanair, y ninguno parecía tener dudas: a ver, tendremos que confiar que estamos en manos de profesionales y que todo va a funcionar. Qué vamos a hacer si no… y no parece que profundicen mucho más. Por ejemplo, no se plantean pensar en la ingente multitud de personas en las que están confiando sus vidas con el hecho simple se subir la escalerilla de un avión.
Desde los ingenieros que han diseñado cada una de las importantísimas piezas, miles, de la nave, tren de aterrizaje, turbinas, refrigeración, compresión de la cabina, instrumentos de medida, timones, ensamblaje del fuselaje, tuercas precisas para tornillos especiales y precisos… así hasta millares de detalles.
Además están confiando, ciegamente, en los técnicos de mantenimiento, en el jefe de equipo y en cada uno de sus subordinados, que a lo peor no ha dormido bien la noche anterior. Además hay que fiarse de los funcionarios que controlan a los controladores (¿quién vigila al vigilante?).
Y como me estoy alargando tediosamente no voy a detallar el capítulo de la tripulación, del comandante y su ayudante, ni el importante apartado de los controladores de la torre…
Pero todas esas cuestiones las obviamos en un solo acto de fe, en el que nos hacemos uno con el universo, nos fundimos con forma de cobaya en la armonía zen y por el bien de nuestra paz interior, decimos… seguro que esas trescientas cincuenta y seis personas han hecho perfecto su trabajo. Vámonos que nos vamos.
Y nos montamos en un cilindro hueco de acero, que hasta ahora nadie me ha explicado cómo es posible que vuele ¡¡QUE VUELE!!
Me pasa igual con los barcos. Los de madera, o sea, más o menos se entiende que no se hundan, pero los de hierro….???? ¿Cómo es posible que un gigantesco portaviones que está hecho de puro yerro y acero flote apoyado en una línea fina, y no se tumbe y se vaya al fondo….??? Todo está explicado por la fe.
Y especialmente por nuestra fe en la tecnología.
Pero es que eso nos está llevando a una época de oscurantismo, como la Edad Media.
Antes el pequeño universo de los hombres le permitía ejercer un control sobre su tecnología. Si el eje del carro se partía tenía los conocimientos y las herramientas suficientes para arreglarlo. Mi padre sabía arreglar y mantener su coche. Hoy es imposible que cambies ni un piloto de un intermitente.
La tecnología ignota y la fe nos están haciendo controlar cada vez menos nuestro entorno.
Nuestra especialización tecnológica está tendiendo poco a poco al profundo y difícil virtuosismo del ON/OFF.
En los aparatos pone ON porque es ONDE se le da pa que ande. Con eso vale.
Nos están (¿nos estamos?) convirtiendo en unos ignorantes absolutos. Y eso no puede ser bueno.
Pero mientras tanto, la fe nos dice que eso de que los alimentos transgénicos son buenos debe ser verdad, y que hablar por teléfono celular no nos hace acumular ondas de micro frecuencia en el cerebro, ni que el horno microondas es cancerígeno, y que el petróleo no está desvirtuando y envenenando nuestra casa-planeta (que es la única que tenemos, y que no es nuestra, es de nuestro nietos) y que seguro que los políticos y los banqueros velan por nuestra felicidad, y es la fe la que nos hace creer que si lo dice la tele entonces es verdad, y, ainda mais, si lo dice el periódico, entonces no cabe ni la duda razonable: es palabra de Dios.
Es precisamente la fe la que nos hace votar a estos profesionales de la falacia cada cuatro años. Y seguimos picando.
¡Qué importante es la fe!

Desayunos mancomunados… umm…pero ¿es obligatorio dormir antes en tu casa? ¿o puede uno aparecer por allí, ya dormido?
Beades, demuestras tu astucia habitual al querer presentarte a la hora de una comida.
Y padre, pienso exáctamente lo mismo, muchas veces, al llevarme comida a la boca. Me estoy metiendo voluntariamente en el cuerpo algo que, a ciencia cierta, no tengo idea de si me hará daño. Se supone, por supuesto, que ha pasado todos los controles de calidad habidos y por haber, que está en buen estado o se notaría cierto olorcillo o sabor irregular, ect… pero me estoy fiando. Todo producto de la fe.
Y bueno, cuando me subo un avión, como ocurrirá dentro de un mes, apago la mente y pienso que hay no 350 como tu dices sino mil enfermos de la seguridad obsesionados con que cada tuerca esté en su sitio y que no duermen hasta que el estado del aparato es perfecto. O hago eso o me tumbo en la terminal a llorar.
En fin, ingenuos, que no ignorantes, eso es lo que somos.