¿porqué juegan los pájaros? (2)
Harán unos treinta y pico miles de años, minuto arriba minuto abajo, el homo sapiens, al menos el europeo, tuvo su momento superfluo: de esas épocas son los yacimientos arqueológicos donde además de armas y utensilios para comer y cazar, han aparecido adornos, collares, curiosa bisutería que lucía Wilma Picapiedra.
Es decir, lo aparentemente accesorio al lado de lo necesario.
(Tengo una absurda teoría que provoca caritas en mis amigos cuando se lo cuento: me gusta tantísimo ver llover porque en la masa de los genes tenemos guardada la sensación de infinitud que tenía el hombre de las cavernas cuando se veía obligado a no hacer nada, pero nada, hasta que escampara, y es en esos ratos, en esos días completos de mirar los cántaros cayendo cuando creo que empezó su cerebro a posarse en lo superfluo, en lo efímero, en lo inútil, en la belleza, y fue entonces cuando y donde empezó a ser hombre. Si sumamos que seguramente también, a la vez, miraba el fuego, entonces se me queda explicao ese mirar fascinado las candelas y las tormentas maravillosas. Como es mi teoría agarro y me la creo).
Pero resulta que lo inútil genera más placer que lo útil. Lo inútil solo tiene justificada su existencia en nuestro estadio cognoscitivo si nos procura disfrute, placer, diversión. Lo útil ya tiene sobradamente justificada su existencia sin nuestra participación subjetiva: es la puta realidad, es el suelo que pisamos, es la enfermedad, es la supervivencia, la lluvia y el frío, el mundo, es la pesada seriedad. Concluyo que agobiado por estos entornos, el hombre serio no disfruta de total libertad, está coartado por las circunstancias.
En cambio, el hombre que cobra consciencia de su libertad, entonces, simplemente, juega.
Y entiendo por juego la pura creación, el simple disfrute.
Es librarse de la atadura de las consecuencias, es solamente gozar.
Además se enraíza en el presente.
El tiempo de juego es un continuum, al contrario que las acciones serias, en las que estamos agobiados por el pasado, sometido a las infinitas consecuencias en el futuro de las decisiones que tomemos.
En el juego solo cuenta el tiempo que dure el juego, noventa minutos, dos horas, toda una vida.
El hombre serio nunca juega. Busca echar raíces y armarse de razones de peso, el mismo peso que le ata a la tierra impidiéndole volar. Posee sin darse cuenta de que es poseído por lo que posee. El que juega no pretende aprehender, coger, solo despilfarrar, energías, risas, cosas que solo existen si se gastan, si se usan sin medida.
Gimli consiguió tener mucho oro, pero solo para crear un recipiente donde atesorar sus recuerdos, el poderoso don dinero no tenía poder sobre él. Fue el regalo de la Dama.
Los jugadores de futbol luchan por tener el balón entre los pies, pero cuando se termina el partido al balón le pueden dar dos duros. El jugador de golf quiere tener dominado el campo, reinar sobre el green, pero luego, al acabar el tiempo, eterno presente, del juego, se va a su casa, y el campo se queda para que lo mantengan verde los jardineros. Poseer el campo tiene un significado para el socio que juega y disfruta, y otro para el propietario del club.
En el juego todo es inventado, soñado, elaborado, la realidad no interesa, solo la fantasía. La imaginación es la reina, y sobrevuela sobre los ríos, sobre el suelo, sobre los montes.
El juego siempre ha tenido un cartel importante en la historia, aparece y desaparece salpicando de luces las oscuras crónicas. Famosas las partidas de ajedrez de Napoleón, ese asesino de masas, o los enigmas que la Esfinge planteaba, o el sagrado juego de los acertijos que hizo que Bilbo se quedara, con trampa, con el anillo, o las leyendas de los tesoros –de piratas, de los incas, de la Reina de Saba, de los templarios- siempre ocultos bajo un entramado de pistas, de acertijos, de juegos de ingenio.
Creo que si quiero seguir hablando de todo esto, voy a tener que emplazar una tercera, y esta vez sí que ultima, entrada. Porque además, hay cosas, ajenas a esto de lo serio y lo lúdico, que he dejado de comentar –de comentarme a mi, que es para quién al principio escribimos, aunque lo escrito no sobreviva sin que alguien ajeno al autor deje que se le pose en las mientes, leyéndolo- y eso no puede ser. Beso que no has dado ya no vuelve, pensamiento que no has escrito, se diluye y tampoco vuelve.

Ya era hora de que te pusieses manos a la obra, homo ludens…
Ay, Asier, si supieras lo corto que han sido estos últimos días, solo tenían 54 horas, aunque sí, es verdad, en medio de toda la vorágine… homo ludens
ay, tengo aquí a una pelma de perra empeñada en jugar mientras tecleo. Paseo del anochecer reclama. Momentín, Olimpia, necesito contestar al Toi.
DEsde luego, lo que realmente “tenemos” es el juego, y el que se crea que posee algo o alguien va de ala. Has dicho 20.000 cosas y todas muy interesantes.
Me gusta lo del despilfarro, no hablo de pelas, pero el que me dice que tiene poco tiempo para me espanta. El que va controlao, más allá del control que ya la vida nos impone porque los horarios laborales son los que son. Por eso me encanta Driver y acuñé lo del término Drivear como sinónimo de despilfarro, regalo, hala, tíos, que a mí me sobra y te regalo un cuento porque me da la gana. Joé, es otro y se cuida muy mucho de regalar nada.
Ay el tiempo, para jugar hace falta tiempo, es fundamental. Para mirar la lluvia o el fuego, como has dicho.
Y sí, lo útil no nos necesita -es un decir, ya estamos en lo útil- lo que nos necesita realmente es lo que no es útil.
Necesito pensar, me voy a dar el paseo de tarde con Oli.
Buenísima la mención de Gimli. Qué bien visto.
“El hombre serio nunca juega. Busca echar raíces y armarse de razones de peso, el mismo peso que le ata a la tierra impidiéndole volar”.
El hombre serio acaba siendo un hombre triste, que no sabe reirse de la vida, de las cosas, y de uno mismo. Es como si necesitara de unas normas rígidas que le den confianza en el día a día.
Y nada mejor que unas normas para saltárselas cuando a uno le venga en gana.
Preciosa entrada Toi ¡y con tantas cosas para darle vueltas!.
Justo ayer estaba pensando en empezar una serie de fotos cuyo tema era justo Cómo en la India se hace nada. Y es que en este país lo de no hacer nada, pero absolutamente nada lo han elevado a ciencia. Entras en un restaurante o en cualquier tienda y hay, como mínimo y sin exagerar unos 10 personajes sin hacer nada. están esperando a que algo ocurra, pero no se muy bien qué, poruqe excepto quete dirijas a ellos directamente e insistas, ellos no se van a mover.
Y lo de la gente en la calle, en la carretera, a los lados de la vía del tren, everywhere, eso ya es para verlo. Teniendo en cuenta que son 1.100 millones de habitantes, debe haber como mínimo 100 millones sin hacer nada. Claro que eso es lo que vemos los occidentales ellos dicen que estan viendo la vida pasar hasta que llegue la siguiente y ver si es mejor que la actual.
Un día descubrí- hace muy poco (¡ay)- que prácticamente todo lo que he hecho en la vida ha sido jugando.
Desde luego, las historias más importantes, para bien y para mal.
¿Pero cómo se comunica este secreto a gente que se toma la vida en serio?
Hoy tas sembaro,Toi
Qué magnífica, profunda y lúcida reflexión y reflexiones.
Espero con el mismo interés la tercera (y no tiene porqué ser la última)entrega.
Hasta el querer y querernos debería ser un juego, eso sí, noble.
Me añado a la pregunta de Suso… si alguien sabe cómo poder transmitir el secreto del juego a los serios que me lo haga saber… por favor.
La vida es un regalo con el que jugamos hasta que se gasta.
Preciosa entrada. Si señor. Es tan humano soñar. Es tan humano imaginar. Sin mi iaginación mi vida no hubiera sido la misma. Disfrutémoslo mientras podamos. 1 abrazo.
Buenooooooooooo como se acerca Navidad y esta es la mejor forma de saludarlos a todos…
Acá les dejo un beso grande desde este lado del mundo… donde la Navidad es en Verano. Tiene olor a sidra y pan dulce, temperaturas que rondan los 35ºC y mucho pero mucho color.
Les deseo felicidad, prosperidad, valentía para emprender y perseverancia para concretar sus objetivos.
Con todo cariño…
La primera Niebla de la mañana.
Que el niño rata te pase Brujas de viaje, en la escena en la que la bruja Yaya Ceravieja se juega las escobas jugando a Mutilar a Doña Cebolla.
Gimli, hijo de Glóin, es el que parte la pana en todo momento.
La vida es un juego. Cuando somos niños lo tenemos claro, y se nos va olvidando al crecer